«La última función»: Un contraste de luces y sombras llevado al Teatro Karpas de Madrid

«La última función»: Un contraste de luces y sombras llevado al Teatro Karpas de Madrid

Primer sábado de noviembre. Un ambiente navideño ya comenzaba a respirarse por las calles de Antón Martín. La tenue luz dio paso a la incertidumbre por unos minutos hasta que dimos con la puerta de Teatro Karpas. El director de «La última función» recibió a los asistentes, quiénes durante hora y media fueron testigos directos de su dramaturgia sobre textos de Chéjov. Al sentarnos en la butaca tuvimos la extraña sensación de habernos perdido algunos diálogos de la obra. El inicio era atípico debido a que no vimos cómo el telón se abría, pero los intérpretes ya estaban en escena. La realidad es que sólo quisieron anticipar los nervios de los actores antes de comenzar la obra. Tras este inciso, tres personalidades encarnaron a personajes de una época lejana. Se notaba, tanto por la vestimenta como por ese lenguaje utilizado en su delirante discusión. Un hombre con ínfulas de burgués titubeaba, bebía mucho agua y no lograba decir abiertamente a su vecino que quería pedir la mano de su hija. Más tarde, el señor que recordaba en el habla a Rajoy salió de escena. Su relevo fue la muchacha con la que ese joven de chaqué quería casarse, una campesina que empezó a llevarle la contraria con unas tierras. De repente, el espectador se vio envuelto en una comedia en la que primaba la cabezonería de una pareja que parecía amarse. El público reía ante tales polémicas y contradicciones, sin ser consciente de que tendría que presenciar una situación un tanto frustrante, con otros actores, otro clima, mucho más melancólico, menos cómodo y nada glorioso. Ese era el fin principal de su autor, hacer un homenaje a beneficio de un actor mayor que antes de jubilarse se queda dormido en su último contacto con sus fieles espectadores.

La función acaba en la sala Karpas, un lugar que está de aniversario por cumplir 20 años ofreciendo historias clásicas y otras, en cambio, más cercanas a la época contemporánea. Las luces se apagan y aparece ante un escenario vacío el retrato de un actor que no ha podido despedirse de su público; embriagado por el alcohol, repitiendo reiteradamente esos textos que sabe de memoria, los mismos que aprendió cuando la mente aún no divagaba entre recuerdos nostálgicos. «La verdad del teatro no se encuentra en ningún otro campo. El teatro es un reflejo de la humanidad», reconoció su director, Manuel Carcedo Sama en una entrevista que concedió semanas atrás a este medio. El dramaturgo que tiene más de 60 años de trayectoria confesó que el escenario es su vida entera y el teatro es su compañero. A través de dos piezas de Chéjov: una parte cómica que da paso a un golpe de realidad, el autor ahonda en lo que sucede cuando el intérprete deja colgado en la percha a su personaje y se queda solo tras haber sido acompañado y elogiado por el espectador, pero también cómo una actriz sin esa oportunidad sigue aferrada a su vocación.

«La última función», la obra de teatro escrita y dirigida por Manuel Carcedo / Gran Via Comunicación.

En el segundo acto, Alberto Romo y Pilar Cervantes unen su talento escénico, pero antes su aparición es presentada por la voz en off de su autor, quién directo en su lenguaje emocional invita a los asistentes a escuchar el desahogo de un actor que se ha quedado dormido en su propio homenaje. Minutos después de esa situación triste, melancólica y frustrante, una sensación agridulce recorrió nuestros cuerpos. «La última función» sobre textos de Chéjov había logrado su cometido: causar la risa para después generar el malestar al ver los sueños ciertamente evaporados, efímeros y encerrados en un pasado que no vuelve y descubriendo que el tiempo es tan volátil que luego no hay forma de recuperarlo. ¡Qué bien hubiera estado que la pieza dramática hubiera iniciado el acto y la cómica al final!. Un vacío se apoderó de la alegría que habíamos obtenido con anterioridad , pero es un reflejo de la propia vida del intérprete que se retira y al que nunca le han dado la oportunidad de brillar. Sin más preámbulos, «La última función» es un contraste de luces y sombras, un viaje emocional por los confines del teatro y sus protagonistas, por los sentimientos de las personas que se meten en la piel de esos personajes. En definitiva, un resumen emotivo de su propia vida cuando se abre y cierra el telón.

Agradecimientos a Gran Vía Comunicación por la acreditación de prensa

Patry Fernández

Patry Fernández

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